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REPRODUCCIÓN DE LAS REFLEXIONES
DE FIDEL CASTRO. COPIADAS DEL DIARIO
VER:
GRANMA
Reflexiones Fidel Castro: El
Imperio y la Isla independiente Estas reflexiones van dirigidas
especialmente a las nuevas generaciones con el objetivo de que
conozcan hechos muy importantes y decisivos en el destino de nuestra
patria
Fidel Castro
La historia de Cuba en los
últimos 140 años es la de la lucha por preservar la identidad e
independencia nacionales, y la historia de la evolución del imperio
de Estados Unidos, su constante pretensión de apropiarse de Cuba y
los horrendos métodos que hoy utiliza para mantener el dominio del
mundo.
Destacados historiadores cubanos han tratado con profundidad estos
temas en distintas épocas y en diversos y excelentes libros que
merecen estar al alcance de nuestros compatriotas. Estas reflexiones
van dirigidas especialmente a las nuevas generaciones con el
objetivo de que conozcan hechos muy importantes y decisivos en el
destino de nuestra patria.
Primera parte: La imposición de la Enmienda Platt como apéndice
de la Constitución neocolonial cubana de 1901.
La “doctrina de la fruta madura” fue formulada en 1823 por
John Quincy Adams, Secretario de Estado y más tarde Presidente.
Estados Unidos inevitablemente lograría, por ley de gravitación
política, apoderarse de nuestro país al romperse la subordinación
colonial a España.
Bajo el pretexto de la voladura del “Maine” ―suceso que está todavía
por desentrañar, aprovechado para desatar la guerra contra España,
como el incidente del Golfo de Tonkin, hecho que en cambio fue
probadamente prefabricado a los efectos de atacar a Viet Nam del
Norte―, el presidente William McKinley firmó la Resolución Conjunta
del 20 de abril de 1898, la cual declaraba “…que el pueblo de la
isla de Cuba es y de derecho debe ser libre e independiente”, “…que
los Estados Unidos por la presente declaran que no tienen deseo ni
intención de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobre dicha
Isla, excepto para su pacificación, y afirman su determinación,
cuando esta se haya conseguido, de dejar el gobierno y dominio de la
Isla a su pueblo.” La Resolución Conjunta autorizó al Presidente el
uso de la fuerza para eliminar el gobierno español en Cuba.
El coronel Leonard Wood, jefe principal del regimiento de los Rough
Riders, y Theodore Roosevelt, segundo jefe de los voluntarios
expansionistas que desembarcaron en nuestro país por las playas
próximas a Santiago de Cuba, ya destruida por los acorazados
norteamericanos la valiente pero mal utilizada escuadra española y
la infantería de Marina que llevaba a bordo, solicitaron el apoyo de
los insurrectos cubanos, que al precio de enormes sacrificios habían
desgastado y puesto fuera de combate al ejército colonial español.
El regimiento de los Rough Riders había desembarcado sin los
caballos.
Tras la derrota española el 10 de diciembre de 1898, se firmó el
Tratado de París entre los representantes de la Reina Regente de
España y los del Presidente de Estados Unidos, en el cual, a
espaldas del pueblo de Cuba, se acordó que España renunciaba a todo
derecho de soberanía y propiedad sobre la isla y la evacuaría. Cuba
sería ocupada por Estados Unidos con un carácter temporal.
Ya nombrado gobernador militar norteamericano y Mayor General del
Ejército, Leonard Wood dictó la Orden 301 del 25 de julio de 1900,
por la que se decretó la realización de una elección general para
delegados a una Asamblea Constituyente que debería reunirse en la
ciudad de La Habana a las 12 del día del primer lunes de noviembre
de 1900, con el objetivo de redactar y adoptar una Constitución para
el pueblo de Cuba.
El 15 de septiembre de 1900 se efectuaron los comicios, en los
cuales fueron seleccionados 31 delegados provenientes de los
partidos Nacional, Republicano y Unión Democrática. El 5 de
noviembre de 1900 se procedió a realizar la apertura de la
Convención Constituyente en el Teatro Irijoa de La Habana, ocasión
en que recibió el nombre de Teatro Martí.
El general Wood, en representación del Presidente de Estados Unidos,
declaró constituida la Asamblea. Wood les adelantó los propósitos
que abrigaba el gobierno de Estados Unidos: “Cuando hayáis formulado
las relaciones que, a vuestro juicio, deben existir entre Cuba y
Estados Unidos, el gobierno de Estados Unidos adoptará sin duda
alguna las medidas que conduzcan por su parte a un acuerdo final y
autorizado entre los pueblos de ambos países, a fin de promover el
fomento de sus intereses comunes.”
La Constitución de 1901 dispuso en su Artículo 2 que “componen el
territorio de la República, la Isla de Cuba, así como las islas y
cayos adyacentes que con ella estaban bajo la soberanía de España
hasta la ratificación del Tratado de París de 10 de diciembre de
1898.”
Redactada la Constitución, llegó el momento de definir las
relaciones políticas entre Cuba y Estados Unidos. Al efecto, el 12
de febrero de 1901 se designó una comisión de cinco miembros
encargada de estudiar y proponer lo que procediera al expresado fin.
El 15 de febrero el gobernador Wood invitó a los miembros de la
comisión a una pesquería y les ofreció un banquete en Batabanó, ruta
principal de acceso a la Isla de Pinos, como se le conocía, entonces
ocupada también por las tropas de Estados Unidos que intervinieron
en la Guerra de Independencia de Cuba. En el propio Batabanó les dio
a conocer una carta del Secretario de la Guerra, Elihu Root, en la
que estaban contenidos los aspectos fundamentales de la futura
Enmienda Platt. Según las instrucciones recibidas de Washington, las
relaciones entre Cuba y Estados Unidos debían regularse por varios
aspectos. El quinto de estos era que, para facilitar a Estados
Unidos el cumplimiento de deberes tales como los que recaerían sobre
ellos por las estipulaciones ya expresadas, y para su propia
defensa, Estados Unidos podría adquirir título, y conservarlo, de
terrenos para estaciones navales y mantener estas en ciertos puntos
específicos.
Al conocer la Convención Constituyente cubana las condiciones
exigidas por el gobierno de Estados Unidos, aprobó, el 27 de febrero
de 1901, una posición opuesta a la del Ejecutivo norteamericano, en
la cual se eliminaba el establecimiento de estaciones navales.
El gobierno de Estados Unidos acordó con el senador republicano de
Connecticut, Orville H. Platt, la presentación de una enmienda al
proyecto de Ley de Presupuesto del Ejército que convertiría en hecho
consumado la implantación en suelo cubano de bases navales
norteamericanas.
En la Enmienda, aprobada por el Senado de Estados Unidos el 27 de
febrero de 1901, por la Cámara de Representantes el 1° de marzo, y
sancionada por el presidente McKinley al día siguiente, como anexo a
la “Ley concediendo créditos para el Ejército en el año fiscal que
termina el 30 de junio de 1902”, el artículo sobre las bases navales
quedó redactado de la siguiente forma:
“Art. VII.- Para poner en condiciones a Estados Unidos de mantener
la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como
para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a
Estados Unidos las tierras necesarias para carboneras o estaciones
navales en ciertos puntos determinados que convendrán con el
Presidente de Estados Unidos.
En el artículo VIII se añadía: “El gobierno de Cuba insertará las
anteriores disposiciones en un tratado permanente con Estados
Unidos.”
La rápida aprobación de la Enmienda por el Congreso de Estados
Unidos obedecía a la circunstancia de encontrarse éste próximo a
terminar el período legislativo y contar el presidente McKinley con
mayoría segura en ambas Cámaras para aprobarla sin dificultades.
Estaba convertida en Ley de Estados Unidos cuando, el 4 de marzo,
McKinley tomó posesión de su segundo período presidencial.
Algunos miembros de la Convención Constituyente mantuvieron la tesis
de que no estaban facultados para acordar la Enmienda solicitada por
Estados Unidos, ya que ello implicaba limitar la independencia y
soberanía de la República de Cuba. Entonces el gobernador militar
Leonard Wood se apresuró a dictar una nueva Orden Militar, el 12 de
marzo de 1901, en la cual se declaraba que la Convención estaba
facultada para acordar las medidas de cuya constitucionalidad se
dudaba.
Otros miembros de la Convención, como Manuel Sanguily, opinaron que
la Asamblea debía disolverse antes de acordar medidas que de tal
manera ofendían la dignidad y soberanía del pueblo de Cuba. Pero en
la sesión del 7 de marzo de 1901 de nuevo se nombró una comisión
para redactar una respuesta al gobernador Wood, correspondiendo la
ponencia a Juan Gualberto Gómez, quien recomendó rechazar, entre
otras, la cláusula relativa al arriendo de estaciones navales o
carboneras.
Juan Gualberto Gómez mantuvo la más severa crítica a la Enmienda
Platt. El 1° de abril sometió a discusión una ponencia donde
impugnaba el documento por contravenir los principios del Tratado de
París y la Resolución Conjunta. Pero la Convención suspendió el
debate sobre la ponencia de Juan Gualberto Gómez y decidió enviar
otra comisión para “conocer las miras y propósitos del gobierno de
Estados Unidos acerca de cuantos particulares se refieran al
establecimiento de un orden definitivo de relaciones, en lo político
y en lo económico, entre Cuba y Estados Unidos, y gestionar con el
propio gobierno, las bases de un acuerdo sobre esos extremos que
proponer a la Convención para su resolución final.”
Posteriormente, se eligió la comisión que viajaría a Washington
integrada por Domingo Méndez Capote, Diego Tamayo, Pedro González
Llorente, Rafael Portuondo Tamayo y Pedro Betancourt, quienes
arribaron a Estados Unidos el 24 de abril de 1901. Al día siguiente
fueron recibidos por Root y Wood, quien había viajado previamente a
su país con ese propósito.
El gobierno norteamericano se apresuró a declarar públicamente que
la comisión visitaría Washington por su iniciativa, sin invitación
alguna y sin carácter oficial.
El Secretario de la Guerra, Root, recibió a la comisión el 25 y 26
de abril de 1901 y les hizo saber de manera terminante que “el
derecho de Estados Unidos a imponer las discutidas cláusulas había
sido proclamado durante tres cuartos de siglo a la faz del mundo
americano y europeo y que no estaban dispuestos a renunciarlo hasta
el extremo de poner en peligro su propia seguridad.”
Los funcionarios estadounidenses reiteraron que ninguna de las
cláusulas de la Enmienda Platt mermaba la soberanía e independencia
de Cuba sino, por el contrario, la preservaría, y se aclaraba que
únicamente se intervendría en caso de graves perturbaciones, con el
solo objetivo de mantener el orden y la paz interna.
La comisión dio a conocer su informe en sesión secreta el 7 de mayo
de 1901. Dentro de la comisión se manifestaron serias discrepancias
con respecto a la Enmienda Platt.
El 28 de mayo se sometió a discusión una ponencia redactada por
Villuendas, Tamayo y Quesada, en la que se aceptaba la Enmienda con
algunas aclaraciones y recomendando la concertación de un tratado de
reciprocidad comercial.
Esta ponencia fue aprobada por 15 votos contra 14; pero el gobierno
de Estados Unidos no admitió tal solución, comunicando por medio del
gobernador Wood que sólo aceptaría la Enmienda sin cualificación, y
advirtió a la Convención en forma de ultimátum que, siendo la
Enmienda Platt “un estatuto acordado por el Poder Legislativo de
Estados Unidos, el Presidente está obligado a ejecutarlo tal como
es. No puede cambiarlo ni modificarlo, añadirle o quitarle. La
acción ejecutiva que pide el estatuto es la retirada de Cuba del
Ejército norteamericano, y el estatuto autoriza esta acción cuando
―y solamente cuando― se haya establecido un gobierno bajo una
Constitución que contenga, ya en su cuerpo o en su apéndice, ciertas
disposiciones terminantes, especificadas en el estatuto […] Si
entonces él encuentra esas disposiciones en la Constitución, estará
autorizado para retirar el Ejército; si no las encuentra allí,
entonces, no está autorizado para retirar el Ejército…”
El Secretario de la Guerra de Estados Unidos envió una carta a la
Constituyente cubana donde expresaba que la Enmienda Platt debía ser
aprobada en su totalidad sin ninguna aclaración, pues así aparecía
adicionada a la Ley de presupuesto norteamericana, y señalaba que,
en caso contrario, las fuerzas militares de su país no serían
retiradas de Cuba.
El 12 de junio de 1901, en otra sesión secreta de la Asamblea
Constituyente, fue sometida a votación la incorporación de la
Enmienda Platt como apéndice a la Constitución de la República,
aprobada el 21 de febrero: 16 delegados votaron que sí y 11 votaron
en contra. Se ausentaron de la sesión Bravo Correoso, Robau, Gener y
Rius Rivera, absteniéndose de votar a favor de aquel engendro.
Lo peor de la Enmienda fue la hipocresía, el engaño, el
maquiavelismo y el cinismo con que elaboraron el plan para
apoderarse de Cuba, al extremo de proclamar públicamente los mismos
argumentos de John Quincy Adams en 1823, sobre la manzana que caería
por gravedad. Esta manzana finalmente cayó, pero estaba podrida,
como previeron muchos pensadores cubanos durante casi medio siglo,
desde José Martí en la década de 1880 hasta Julio Antonio Mella,
asesinado en enero de 1929.
Nadie podría describir mejor lo que significaba para Cuba la
Enmienda Platt que el propio Leonard Wood, en dos fragmentos de la
carta confidencial, fechada el 28 de Octubre de 1901, a su compañero
de aventura Theodore Roosevelt:
“Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna
independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es
buscar la anexión. Esto, sin embargo, requerirá algún tiempo y
durante el período en que Cuba mantenga su propio gobierno, es muy
de desear que tenga uno que conduzca a su progreso y a su
mejoramiento. No puede hacer ciertos tratados sin nuestro
consentimiento, ni pedir prestado más allá de ciertos límites y debe
mantener las condiciones sanitarias que se le han preceptuado, por
todo lo cual es bien evidente que está en lo absoluto en nuestras
manos y creo que no hay un gobierno europeo que la considere por un
momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de
Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración.”
…“Con el control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en
breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo.
La isla se americanizará gradualmente y, a su debido tiempo,
contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya
en el mundo...”
EL
IMPERIO Y LA ISLA INDEPENDIENTE
Segunda parte: La aplicación de la Enmienda Platt y
el establecimiento de la Base Naval en Guantánamo como marco de las
relaciones entre Cuba y Estados Unidos.
A finales de 1901 se inició el proceso electoral en el cual la
candidatura de Tomás Estrada Palma alcanzó el triunfo sin oposición
y contando con el apoyo del 47 por ciento del electorado. El
Presidente electo en ausencia partió de Estados Unidos rumbo a Cuba
el 17 de abril de 1902 y arribó tres días después. El cambio de
poderes tuvo lugar el 20 de mayo de 1902 a las 12 del día. Ya se
había constituido el Congreso de la República. Leonard Wood embarcó
hacia su país en el acorazado "Brooklyn".
En 1902, poco antes de
proclamarse la República, el gobierno norteamericano informó al
recién electo Presidente de la Isla sobre los cuatro lugares
seleccionados para establecer las estaciones navales —Cienfuegos,
Bahía Honda, Guantánamo y Nipe— previstas por la Enmienda Platt.
También se consideró nada menos que el puerto de La Habana como "el
lugar más ventajoso para la cuarta estación naval".
Desde un inicio, a pesar de su origen espurio, el Gobierno de Cuba,
en el cual participaban muchos de los que lucharon por la
independencia, se opuso a la concesión de cuatro bases navales, pues
consideraba que dos eran más que suficientes. La situación se volvió
más tensa al endurecer el gobierno cubano sus posiciones y demandar
la elaboración final del Tratado Permanente de Relaciones, con el
fin de "determinar al mismo tiempo y no por partes, todos los
particulares que fueron objeto de la Enmienda Platt y fijar el
alcance de sus preceptos".
El presidente McKinley había muerto el 14 de septiembre de 1901 como
consecuencia de los disparos que había recibido el día 6 de ese mes.
Theodore Roosevelt había ascendido tanto en su carrera política que
era ya vicepresidente de Estados Unidos, por lo cual había asumido
la presidencia tras los disparos mortales recibidos por su
predecesor. A Roosevelt en ese momento no le resultaba conveniente
precisar el alcance de la Enmienda Platt, para no demorar la
instalación militar de la Base en Guantánamo, por lo que esta
significaría en la defensa del Canal —iniciado y después abandonado
por Francia en el Istmo centroamericano—, que el gobierno voraz del
imperio tenía proyectado concluir a cualquier costo. Tampoco le
interesaba definir la situación legal de Isla de Pinos. Por ello, de
manera abrupta disminuyó el número de las bases navales en
discusión, retiró la sugerencia del puerto de La Habana y finalmente
se acordó la concesión de dos bases: Guantánamo y Bahía Honda.
Con posterioridad, en cumplimiento del Artículo VII del apéndice
constitucional impuesto a la Convención Constituyente, se firmó el
Convenio por los Presidentes de Cuba y Estados Unidos el 16 y el 23
de febrero de 1903 respectivamente:
"Artículo I.- La República de Cuba arrienda por la presente a los
Estados Unidos, por el tiempo que las necesitare y para el objeto de
establecer en ellas estaciones carboneras o navales, las extensiones
de tierra y agua situadas en la isla de Cuba que a continuación se
describen:
"1. En Guantánamo... " Se hace una descripción completa de la bahía
y el territorio adyacente.
"2. En Bahía Honda..." Se hace otra descripción similar.
En dicho Convenio se establece:
"Artículo III.- Si bien los Estados Unidos reconocen por su parte la
continuación de la soberanía definitiva de la República de Cuba
sobre las extensiones de tierra y agua arriba descritas, la
República de Cuba consiente, por su parte, que durante el periodo en
que los Estados Unidos ocupen dichas áreas a tenor de las
estipulaciones de este convenio, los Estados Unidos ejerzan
jurisdicción y señorío completos sobre dichas áreas con derecho a
adquirir para los fines públicos de los Estados Unidos cualquier
terreno u otra propiedad situada en las mismas por compra o
expropiación forzosa indemnizando a sus poseedores totalmente."
El 28 de mayo de 1903 comenzaron los trabajos de medición para
establecer los linderos de la estación naval en Guantánamo.
En el Convenio del 2 de julio de 1903 sobre el tema se aprobó el
"Reglamento para el arrendamiento de las Estaciones Navales y
Carboneras":
"Artículo I.- Los Estados Unidos de América acuerdan y estipulan
pagar a la República de Cuba la suma anual de 2 000 pesos en moneda
de oro de los Estados Unidos durante el tiempo que estos ocuparen y
usaren dichas áreas de terreno en virtud del mencionado Convenio."
"Todos los terrenos de propiedad particular y otros bienes inmuebles
comprendidos en dichas áreas serán adquiridos sin demora por la
República de Cuba. Estados Unidos convienen en suministrar a la
República de Cuba las cantidades necesarias para la compra de dichos
terrenos y bienes de propiedad particular, y la República de Cuba
aceptará dichas cantidades como pago adelantado a cuenta de la renta
debida en virtud de dicho Convenio."
El Convenio que reglamentaba ese arrendamiento, firmado en La Habana
por los representantes de los Presidentes de Cuba y Estados Unidos,
respectivamente, fue aprobado por el Senado de Cuba el 16 de julio
de 1903, ratificado por el Presidente de Cuba un mes más tarde, el
16 de agosto, y por el Presidente de Estados Unidos el 2 de octubre,
canjeándose las ratificaciones en Washington el 6 de octubre, fue
publicado en la Gaceta de Cuba el 12 del mismo mes y año.
Con fecha 14 de diciembre de 1903 se hizo saber que cuatro días
antes, el 10 de ese mes, se había dado posesión a Estados Unidos de
las áreas de agua y tierra para el establecimiento de la estación
naval en Guantánamo.
Para el Gobierno y la Marina de Estados Unidos el traspaso de parte
del territorio de la mayor de las Antillas era motivo de gran
regocijo, y pretendió celebrarlo. En Guantánamo se reunieron con ese
propósito buques de la Escuadra del Caribe y algunos acorazados de
la Flota del Atlántico Norte.
El gobierno cubano designó al Jefe de Obras Públicas de Santiago de
Cuba para hacer entrega de aquella parte del territorio sobre el
cual teóricamente ejercía soberanía el 10 de diciembre de 1903,
fecha escogida por Estados Unidos. Sería el único cubano que estaría
presente en la ceremonia y solo por un corto tiempo ya que, cumplida
su misión, sin brindis ni apretones de mano, se retiró al vecino
poblado de Caimanera.
El jefe de Obras Públicas se había trasladado al acorazado "Kearsage",
que era el buque insignia norteamericano, a bordo del cual se
encontraba el contralmirante Barker. A las 12:00 horas se dispararon
21 cañonazos y con los acordes del Himno Nacional de Cuba se arrió
la bandera cubana que estaba izada en dicha nave, e inmediatamente
se izó en tierra, en el punto llamado Playa del Este, con el mismo
número de salvas, la bandera de Estados Unidos, con lo cual quedó
concluido el acto.
Según el reglamento del Convenio, Estados Unidos debía dedicar las
tierras cedidas exclusivamente a usos públicos, no pudiendo
establecer en ellas comercios o industrias de ningún tipo.
Se comprometían mutuamente, las autoridades de Estados Unidos en
dichos territorios y las autoridades cubanas, a entregar los
prófugos de la justicia por delitos o faltas sujetos a la
jurisdicción de las leyes de cada parte, siempre que lo solicitaran
las autoridades de la nación que los juzgara.
Los materiales importados en las áreas de dichas estaciones navales
para el uso y consumo de las mismas estarían libres del pago de
derechos arancelarios, o de cualquier otra clase, a la República de
Cuba.
El arrendamiento de las referidas estaciones navales incluía el
derecho a usar y ocupar las aguas adyacentes a dichas extensiones de
tierra y agua, a mejorar y profundizar las entradas de las mismas y
sus fondeaderos, y a cuanto más fuera necesario para los usos
exclusivos a que estaban dedicadas.
Aunque Estados Unidos reconocía la continuación de la soberanía
definitiva de Cuba sobre aquellas extensiones de agua y tierra,
ejercería, con el consentimiento de Cuba, "jurisdicción y señorío
completos" sobre dichas áreas mientras las ocuparan de acuerdo con
las otras estipulaciones ya citadas.
En el llamado Tratado Permanente del 22 de mayo de 1903, celebrado
entre los gobiernos de la República de Cuba y de Estados Unidos, se
habían precisado las relaciones futuras entre ambos países: es
decir, se aseguró lo que llamara Manuel Márquez Sterling "la coyunda
insoportable de la Enmienda Platt".
El Tratado Permanente suscrito por ambos países fue aprobado por el
Senado de Estados Unidos el 22 de marzo de 1904 y por el Senado
cubano el 8 de junio de ese año, y fueron canjeadas las
ratificaciones en Washington el 1° de junio de 1904. Por eso, la
Enmienda Platt es una enmienda a una ley norteamericana, un apéndice
a la Constitución de Cuba de 1901 y un tratado permanente entre
ambos países.
Las experiencias adquiridas con la Base Naval de Guantánamo
sirvieron para aplicar en Panamá medidas iguales o peores con el
Canal.
En el Congreso norteamericano el método de las enmiendas
introducidas, cuando se discute una ley que por su contenido e
importancia es de impostergable necesidad, suele aplicarse con
frecuencia obligando a los legisladores a dejar a un lado o
sacrificar criterios discrepantes. Tales enmiendas han mordido más
de una vez la soberanía por la que lucha incansablemente nuestro
pueblo.
En 1912 el Secretario de Estado de Cuba, Manuel Sanguily, negoció
con la cancillería norteamericana un nuevo tratado por el que
Estados Unidos renunciaba a sus derechos sobre Bahía Honda a cambio
de una ampliación en los límites de la estación en Guantánamo.
En ese mismo año, cuando se produjo el alzamiento del Partido de los
Independientes de Color, que el gobierno del presidente José Miguel
Gómez —del Partido Liberal— reprimió brutalmente, salieron de la
Base Naval en Guantánamo tropas norteamericanas que ocuparon
diferentes poblaciones de la antigua provincia de Oriente, cercanas
a las ciudades de Guantánamo y de Santiago de Cuba, con el pretexto
de "proteger vidas y haciendas de ciudadanos estadounidenses".
En 1917, con motivo del levantamiento conocido por "La Chambelona"
en Oriente, llevado a cabo por elementos del Partido Liberal que se
opusieron al fraude electorero que llevó a la reelección al
presidente Mario García Menocal, del Partido Conservador,
destacamentos yanquis procedentes de la Base se dirigieron a
diversos puntos de aquella provincia cubana, para lo cual utilizaron
como pretexto "la protección del suministro de agua a la Base".
Tercera parte: La derogación formal de la Enmienda Platt y el
mantenimiento de la Base Naval en Guantánamo.
En 1933, la llegada al poder de la Administración demócrata de
Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos dejó abierto el camino
para un necesario reacomodo de las relaciones de dominación que ese
país ejercía sobre Cuba. La caída de la tiranía de Gerardo Machado
bajo la presión de un poderoso movimiento popular, y la posterior
instalación de un gobierno provisional presidido por el profesor
universitario de Anatomía, Ramón Grau San Martín, constituyeron un
serio obstáculo para la realización del programa que demandaba el
pueblo.
El 24 de noviembre de 1933, el presidente Roosevelt de Estados
Unidos emitió una declaración oficial en la que alentó la conjura de
Batista y el Embajador en La Habana, Sumner Welles, contra el
gobierno de Grau, que incluía la oferta de firmar un nuevo tratado
comercial y derogar la Enmienda Platt. Roosevelt explicó que "...
Sería bienvenido cualquier Gobierno Provisional en Cuba en el cual
el pueblo cubano demuestre su confianza". La impaciencia de la
administración estadounidense por desembarazarse de Grau iba en
aumento, pues desde mediados de noviembre se acrecentó la influencia
en el gobierno de un joven luchador antimperialista, Antonio
Guiteras, quien en las semanas siguientes daría muchos de sus más
radicales pasos. Había que derrocar rápidamente a ese gobierno.
Batista conspiró con el imperialismo para echar a bolina la
Revolución del 33.
El 13 de diciembre de 1933, el embajador Sumner Welles regresó
definitivamente a Washington, y fue sustituido cinco días después
por Jefferson Caffery.
Durante los días 13 y 14 de enero de 1934, Batista convocó y
presidió una reunión militar en Columbia en la que propuso destituir
a Grau y nombrar al Coronel Carlos Mendieta y Montefur, lo cual fue
acordado por la llamada Junta Militar de Columbia. Grau San Martín
presentó su dimisión en la madrugada del 15 de enero de 1934 y
embarcó rumbo a México, exiliado, el 20 de ese propio mes. Mendieta,
entonces, quedó instalado como presidente mediante golpe de Estado,
el 18 de enero de 1934. Aunque la administración de Mendieta había
sido reconocida por Estados Unidos el 23 de enero de ese año, en
realidad, como se sabe, el embajador Caffery y Batista dirigían los
destinos del país.
El derrocamiento del mencionado gobierno provisional de Grau San
Martín en enero de 1934, víctima de sus contradicciones internas y
del arsenal de presiones, maniobras y agresiones que contra él
esgrimieron el imperialismo y sus aliados criollos, significó un
primer e indispensable paso en la imposición de una alternativa
oligárquico-imperialista como salida a la crisis nacional cubana.
Al gobierno presidido por Mendieta correspondería la tarea de
reajustar los vínculos de la dependencia neocolonial del país.
Ni la oligarquía reinstalada en el poder, ni el gobierno de
Washington, estaban entonces en condiciones de ignorar el estado de
ánimo del pueblo cubano hacia el neocolonialismo y sus instrumentos.
Estados Unidos tampoco ignoraba la importancia del respaldo de los
gobiernos de América Latina —Cuba entre ellos— en la ya entonces
previsible confrontación con otras potencias imperialistas
emergentes como Alemania y Japón.
En el proceso que entonces se iniciaba habrían de estructurarse
fórmulas para garantizar el renovado funcionamiento del sistema
neocolonial. La política de "buena vecindad" tenía muy en cuenta la
oposición latinoamericana al intervencionismo abierto que Washington
había practicado en el hemisferio. Era propósito de la política de
Roosevelt obtener una nueva imagen en sus relaciones continentales
mediante la fórmula diplomática del "buen vecino".
Como una de las medidas de reajuste, el 29 de mayo de 1934 se firmó
un nuevo Tratado de Relaciones cubano- norteamericano, modificando
el del 22 de mayo de 1903, suscrito entonces por otro Roosevelt, tal
vez de lejano parentesco, el de los Jinetes Rudos, que desembarcó en
Cuba.
Dos días antes, el 27 de mayo, a las 10:30 de la mañana, y en los
momentos en que el embajador de Estados Unidos, Jefferson Caffery,
se preparaba a abandonar, como de costumbre, su residencia de
Alturas de Almendares, fue objeto de un atentado de tres disparos
realizado por varios desconocidos desde un automóvil. Al día
siguiente, el 28 de mayo, al transitar al mediodía por la Quinta
Avenida del reparto Miramar, el auto al servicio del primer
secretario de la embajada de Estados Unidos, H. Freeman Matthews, de
regreso después de haber dejado al diplomático en la Embajada, fue
asaltado por varios individuos armados con ametralladoras que
viajaban en un auto. Dirigiéndose uno de ellos al chofer, le dijo
que hiciera saber a Matthews que le daba una semana de plazo para
que se marchara de Cuba; acto seguido rompió de un golpe el
parabrisas del auto y desaparecieron velozmente.
Estos actos revelaban un estado general de hostilidad contra Estados
Unidos y pudieron haber precipitado la firma del nuevo Tratado de
Relaciones que planteó el supuesto fin de la impopular Enmienda
Platt.
El nuevo Tratado de Relaciones dispuso la supresión del derecho de
intervención de Estados Unidos en Cuba y que:
"La República de Cuba y Estados Unidos de América, animados por el
deseo de fortalecer los lazos de amistad entre los dos países y de
modificar, con ese fin, las relaciones establecidas entre ellos por
el Tratado de Relaciones firmado en La Habana el 22 de mayo de 1903,
(... ) han convenido en los siguientes artículos:
[... ]
"Artículo 3.- En tanto las dos partes contratantes no se pongan de
acuerdo para la modificación o abrogación de las estipulaciones del
Convenio firmado por el Presidente de la República de Cuba el 16 de
febrero de 1903, y por el Presidente de Estados Unidos de América el
23 del mismo mes y año, en cuanto al arrendamiento a Estados Unidos
de América de terrenos en Cuba para estaciones carboneras o navales,
seguirán en vigor las estipulaciones de ese Convenio en cuanto a la
estación naval de Guantánamo. Respecto a esa estación naval seguirá
también en vigor, en las mismas formas y condiciones, el arreglo
suplementario referente a estaciones navales o carboneras terminado
entre los dos Gobiernos el 2 de julio de 1903. Mientras no se
abandone por parte de Estados Unidos de América la dicha estación
naval de Guantánamo o mientras los dos gobiernos no acuerden una
modificación de sus límites actuales, seguirá teniendo la extensión
territorial que ahora ocupa, con los límites que tiene en la fecha
de la firma del presente Tratado."
El Senado de Estados Unidos ratificó el nuevo Tratado de Relaciones
el 1° de junio de 1934, y Cuba, el 4 de junio. Cinco días después,
el 9 de junio, se canjearon en Washington las ratificaciones del
Tratado de Relaciones del 29 de mayo de ese año, con lo que
desapareció formalmente la Enmienda Platt, pero permaneció la Base
Naval en Guantánamo.
El nuevo Tratado legalizó la situación de facto en que se encontraba
la estación naval en Guantánamo, por lo que se rescindía la parte de
los convenios del 16 y 23 de febrero y 2 de julio de 1903 entre los
dos países relativa a terrenos y aguas en Bahía Honda, y se
modificaba, en el sentido de ampliarlos, aquella que se refería a
las aguas y terrenos en la estación naval en Guantánamo.
Estados Unidos mantuvo la estación naval en Guantánamo como lugar
estratégico de vigilancia y resguardo, para asegurar su predominio
político y económico sobre las Antillas y Centroamérica y para la
defensa del Canal de Panamá.
FINAL: La Base Naval en
Guantánamo desde la desaparición formal de la Enmienda Platt hasta
el Triunfo de la Revolución.
Después de firmado el Tratado de Relaciones de 1934, el territorio
de la "estación naval" fue fortificándose y acondicionándose poco a
poco hasta que, en la primavera de 1941, la Base quedó establecida
como estación naval de operaciones bajo la estructura siguiente:
estación naval, estación naval aérea y base del cuerpo de marines y
de almacenes.
En el territorio ilegalmente cercenado a Cuba se han cometido
crímenes, agresiones y provocaciones contra nuestro pueblo.
El 6 de junio de 1934 el Senado de Estados Unidos había aprobado una
ley mediante la cual se autorizaba a la Secretaría de Marina para
suscribir un contrato a largo plazo con una empresa que se
comprometía a abastecer de agua en forma adecuada a la Base Naval en
Guantánamo, pero anteriormente existían planes norteamericanos para
la construcción de un acueducto que la surtiera de agua procedente
del río Yateras.
La expansión continuó, y hacia 1943 se construyeron otras
facilidades mediante contratación con la empresa "Frederick Snare Co.",
que contrató aproximadamente 9 000 obreros civiles, muchos de los
cuales eran cubanos.
Otro año de ingente trabajo de ampliación de las instalaciones
militares y civiles de la Base fue 1951. En 1952, el Secretario de
Marina de Estados Unidos decidió cambiarle el nombre de "U.S. Naval
Operating Base" por el de "U.S. Naval Base", y ya entonces tenía una
estructura que incluía el Centro de Entrenamiento.
La Constitución de 1940, la lucha revolucionaria y la Base Naval en
Guantánamo, hasta diciembre de 1958.
La base de Guantánamo se ha convertido en un campo de detención y
tortura.
El período que transcurre desde finales de 1937 hasta 1940 se
caracterizó, desde el punto de vista político, por la adopción de
medidas que permitieron la convocatoria a las elecciones para la
Asamblea Constituyente y su realización. La razón de que Batista
accediera a estas medidas democratizadoras estuvo en su interés de
ir al establecimiento de fórmulas que le permitieran mantenerse en
el centro de las decisiones políticas, con lo que garantizaba la
continuidad de su poder en el nuevo ordenamiento surgido bajo las
fórmulas por él instrumentadas. A principios de 1938 se hizo público
el acuerdo de Batista y Grau de realizar una Asamblea Constituyente.
La Convención Constituyente quedó inaugurada el 9 de febrero de 1940
y terminó sus labores el 8 de junio de ese propio año.
La Constitución fue firmada el 1° de julio de 1940 y promulgada el 5
de ese mes. La nueva Ley de Leyes estableció que "el territorio de
la República está integrado por la Isla de Cuba, la Isla de Pinos y
las demás islas y cayos adyacentes que con ellas estuvieron bajo la
soberanía de España hasta la ratificación del Tratado de París de 10
de diciembre de 1898. La República de Cuba no concertará ni
ratificará pactos o tratados que en forma alguna limiten o
menoscaben la soberanía nacional o la integridad del territorio".
La oligarquía se esforzaría por impedir la materialización de los
postulados más avanzados de esa Constitución o al menos por
restringir al máximo su aplicación.
Quinta parte: La Base Naval en Guantánamo desde el Triunfo de la
Revolución.
Desde el triunfo de la Revolución el Gobierno Revolucionario ha
denunciado la ocupación ilegal de esa porción de nuestro territorio.
Por otra parte, a partir del 1º de enero de 1959 Estados Unidos
convirtió el territorio usurpado de la Base Naval en Guantánamo en
foco permanente de amenaza, provocación y violación de la soberanía
de Cuba, con el propósito de crearle dificultades al victorioso
proceso revolucionario. Dicha Base siempre ha estado presente en los
planes y operaciones concebidos por Washington para derrocar al
Gobierno Revolucionario.
Todo tipo de agresiones han provenido de la Base Naval:
Lanzamientos en territorio libre de materiales inflamables desde
aviones procedentes de la Base.
Provocaciones de soldados norteamericanos, incluyendo insultos,
lanzamientos de piedras, de latas con material inflamable y disparos
con pistolas y armas automáticas.
Violación de las aguas jurisdiccionales de Cuba y del territorio
cubano por embarcaciones y aeronaves militares norteamericanas
procedentes de la Base.
Elaboración de planes de autoagresión en la Base para provocar una
lucha armada en gran escala entre Cuba y Estados Unidos.
Inscripción de las frecuencias radiales utilizadas por la Base en el
Registro Internacional de Frecuencias, dentro del espacio
correspondiente a Cuba.
El 12 de enero de 1961 fue torturado bárbaramente por soldados
yanquis en la Base Naval en Guantánamo, por el "delito" de ser
revolucionario, el obrero Manuel Prieto Gómez, quien laboraba allí
hacía más de 3 años.
El 15 de octubre de ese año, fue torturado y luego asesinado el
obrero cubano Rubén López Sabariego.
El 24 de junio de 1962 fue asesinado por los soldados de la Base el
pescador de Caimanera Rodolfo Rosell Salas.
Igualmente, la pretendida intención de fabricar una autoprovocación
y desplegar las tropas norteamericanas en una "justificada" invasión
punitiva contra Cuba, en todo momento tuvo como elemento detonante
la Base en Guantánamo. Ejemplo de ello lo encontramos en una de las
acciones incluidas dentro de la denominada "Operación Mangosta",
cuando el 3 de septiembre de 1962 soldados norteamericanos
estacionados en Guantánamo debían disparar contra las postas
cubanas.
Durante la Crisis de Octubre, la Base fue reforzada en técnica
militar y efectivos, elevándose el número de estos últimos a más de
16 000 infantes de marina. Ante la decisión del Primer Ministro
soviético Nikita Jruschov de retirar los cohetes nucleares
desplegados en Cuba sin consultar ni informar previamente al
Gobierno Revolucionario, Cuba fijó la firme posición de la
Revolución en los denominados "Cinco Puntos". En el quinto se
demandaba la retirada de la Base Naval de Guantánamo. Estuvimos al
borde de una guerra termonuclear, en la que seríamos el primer
blanco como consecuencia de la política imperial de apoderarse de
Cuba.
El 11 de febrero de 1964 el presidente Lyndon B. Johnson redujo el
personal cubano que trabajaba en la Base en 700 trabajadores
aproximadamente. También confiscaron fondos acumulados del retiro de
centenares de obreros cubanos que habían trabajado en la Base y
suspendieron de modo ilegal el pago de las pensiones a los obreros
cubanos jubilados.
El 19 de julio de 1964, en grosera provocación de centinelas
fronterizos norteamericanos contra las postas cubanas de
Guardafronteras, fue asesinado a mansalva el joven soldado de 17
años Ramón López Peña, en la casamata donde cumplía con su turno de
guardia.
En circunstancias similares, el 21 de mayo de 1966, disparos
provenientes de la Base dieron muerte al soldado Luis Ramírez López.
En apenas 21 días del mes de mayo de 1980, más de 80 000 hombres, 24
barcos y unos 350 aviones de combate participaron en las maniobras
Solid Shield-80, que entre sus dinámicas incluyó el desembarco de 2
000 infantes de Marina en la Base Naval y el reforzamiento de dicha
instalación con otros 1 200 efectivos.
En octubre de 1991, durante la celebración del IV Congreso del PCC
en Santiago de Cuba, aviones y helicópteros procedentes de la Base
violaron el espacio aéreo cubano sobre la ciudad.
En 1994, la Base sirvió como punto de apoyo para la invasión a
Haití: la aviación militar norteamericana utilizó los aeropuertos de
ese enclave. Más de 45 000 emigrados haitianos llegaron a ser
concentrados en la Base a mediados del siguiente año.
Del mismo modo, en el año 1994 se produjo la conocida crisis
migratoria provocada por el endurecimiento del bloqueo y los años
más duros del período especial, el incumplimiento del Acuerdo
Migratorio de 1984 suscrito con la administración Reagan, la
considerable reducción en las visas acordadas y el estímulo a la
emigración ilegal, incluida la Ley de Ajuste Cubano, facturada por
el presidente Johnson hace más de 40 años.
Como consecuencia de la crisis desatada, una declaración del
presidente Clinton del 19 de agosto de 1994 convirtió a la Base en
un campo de concentración migratorio para los balseros cubanos en
cifra cercana a los 30 000.
Finalmente, el 9 de septiembre de 1994 se suscribió un Comunicado
Conjunto entre la administración de Clinton y el gobierno de Cuba,
mediante el cual Estados Unidos se comprometió a impedir la entrada
a su territorio de los emigrantes ilegales interceptados y a otorgar
un mínimo de 20 000 visas anuales para la reunificación familiar,
los que viajarían por vía segura a Estados Unidos.
El 2 de mayo de 1995, como parte de las negociaciones migratorias,
los gobiernos de Cuba y Estados Unidos acordaron adicionalmente lo
que esta vez se llamó Declaración Conjunta, estableciendo el
procedimiento para la devolución a Cuba de todos los que continuaran
intentando emigrar ilegalmente hacia Estados Unidos y fueran
interceptados por los Guardacostas norteamericanos.
Obsérvese cómo la referencia se relaciona sólo con los inmigrantes
ilegales interceptados por los Guardacostas. Quedaban establecidas
las bases para un siniestro negocio: el tráfico de personas. La Ley
Asesina se mantuvo. Cuba sería el único país del mundo sometido a
tal látigo. Mientras 250 000 personas aproximadamente han viajado
por vía segura sin el menor riesgo, es en cambio incalculable el
número de mujeres, niños y personas de todas las edades que han
perecido en el próspero tráfico de inmigrantes.
A partir de la crisis migratoria de 1994, por acuerdo de ambos
gobiernos se iniciaron los encuentros regulares entre los mandos
militares de cada parte. Una franja del territorio sembrada de minas
a veces era inundada por tormentas tropicales y ríos desbordados. No
en pocas ocasiones nuestros zapadores arriesgaron sus vidas para
salvar a personas que atravesaban esa zona militar restringida por
aquellos parajes, incluso con niños.
Entre 1962 y 1996, se registraron 8 288 violaciones principales
desde la Base Naval en Guantánamo, incluidas 6 345 violaciones
aéreas, 1 333 violaciones navales y 610 violaciones territoriales.
Del total de violaciones, 7 755 se produjeron entre 1962 y 1971.
La Base Naval en Guantánamo a partir de la promulgación de la Ley
Helms-Burton.
Esta Ley, firmada por el presidente William Clinton el 12 de marzo
de 1996, en el Título II sobre la "asistencia a una Cuba libre e
independiente", la Sección 201 relacionada con la "política hacia un
gobierno de transición y elegido democráticamente en Cuba",
establece en su inciso 12 que Estados Unidos debe "estar preparado
para negociar con un gobierno elegido democráticamente en Cuba la
devolución de la Base Naval de Estados Unidos en Guantánamo o
renegociar el acuerdo actual bajo términos mutuamente convenientes".
Algo peor que lo del gobernador militar Leonard Wood, que junto a
Theodore Roosevelt desembarcó a pie en las cercanías de Santiago de
Cuba: la idea de un anexionista de origen cubano administrando a
nuestro país.
La guerra de Kosovo de 1999 ocasionó un gran número de refugiados
kosovares. El gobierno de Clinton, envuelto en aquella guerra de la
OTAN contra Serbia, tomó la decisión de utilizar la Base como
albergue para un número de ellos, y en esa ocasión, por primera vez,
sin ningún tipo de consulta previa como es habitual, comunicó a Cuba
la decisión tomada. Nuestra respuesta fue constructiva. Aunque
opuestos a la injusta e ilegal contienda, no teníamos razones para
oponernos a la ayuda humanitaria que pudieran necesitar los
refugiados kosovares. Ofrecimos incluso la cooperación de nuestro
país, si fuese necesario, para la atención médica o cualquier otro
servicio que necesitaran los mismos. Finalmente, los refugiados
kosovares no fueron enviados a la Base Naval en Guantánamo.
En el manifiesto Juramento de Baraguá, del 19 de febrero del 2000,
se expresó que "a su debido tiempo, ya que no constituye objetivo
prioritario en este instante aunque es justísimo e irrenunciable
derecho de nuestro pueblo, el territorio ilegalmente ocupado de
Guantánamo debe ser devuelto a Cuba". En esos tiempos estábamos
enfrascados en la lucha por el regreso del niño secuestrado y las
consecuencias económicas del brutal bloqueo.
La Base Naval de Guantánamo a partir del 11 de septiembre.
El 18 de septiembre del 2001, el presidente Bush firmó la
legislación del Congreso de Estados Unidos que lo autorizó a usar la
fuerza como respuesta a los atentados del 11 de septiembre. Bush se
basó en esta legislación para firmar, el 13 de noviembre de ese
propio año, una Orden Militar mediante la cual estableció las bases
jurídicas para las detenciones y el enjuiciamiento por tribunales
militares, como parte de la "guerra contra el terrorismo", de
individuos que no ostentaran la condición de ciudadanos de Estados
Unidos.
El 8 de enero del 2002 Estados Unidos comunicó oficialmente a Cuba
que utilizarían la Base Naval en Guantánamo como centro de detención
de prisioneros de guerra de Afganistán.
Tres días más tarde, el 11 de enero del 2002, llegaron los primeros
20 detenidos hasta alcanzar la cifra de 776 prisioneros de 48
países. Ninguno de estos datos, por supuesto, era mencionado.
Suponíamos que se trataba de prisioneros de guerra afganos. Los
primeros aviones aterrizaban repletos de prisioneros, y muchos más
custodios que prisioneros. Ese mismo día el Gobierno de Cuba emitió
una declaración pública señalando su disposición de cooperar con los
servicios de asistencia médica que fuesen requeridos, programas de
saneamiento y de lucha contra vectores y plagas en las áreas bajo
nuestro control que circundan la base, o de cualquier otra forma
útil, constructiva y humana que pudiera presentarse. Recuerdo los
datos porque participé personalmente en detalles de la Nota
presentada por el MINREX dando respuesta a la Nota norteamericana.
Cuán lejos estábamos de imaginar en aquel momento que el Gobierno de
Estados Unidos se preparaba para crear en esa base un horrible campo
de tortura.
La Constitución Socialista proclamada el 24 de febrero de 1976 había
establecido, en el inciso c) de su artículo 11, que "la República de
Cuba repudia y considera ilegales y nulos los tratados, pactos o
concesiones concertados en condiciones de desigualdad o que
desconocen o disminuyen su soberanía y su integridad territorial".
El 10 de junio del 2002, el pueblo de Cuba, en un proceso
plebiscitario popular sin precedentes, ratificó el contenido
socialista de aquella Constitución de 1976 en respuesta a las
manifestaciones injerencistas y ofensivas del Presidente de Estados
Unidos, e interesó a la Asamblea Nacional del Poder Popular
reformarla para dejar expresamente consignado, entre otros aspectos,
el principio irrevocable que debe regir las relaciones económicas,
diplomáticas y políticas de nuestro país con otros estados, al
añadir en el mismo Artículo 11, inciso c): "Las relaciones
económicas, diplomáticas y políticas con cualquier otro Estado no
podrán ser jamás negociadas bajo agresión, amenaza o coerción de una
potencia extranjera."
Tras darse a conocer la Proclama al pueblo de Cuba, el 31 de julio
del 2006, las autoridades norteamericanas han declarado que no
desean una crisis migratoria pero se preparan de forma preventiva
para enfrentarla, valorándose el uso de la Base Naval en Guantánamo
como campamento de concentración de los emigrantes ilegales
interceptados en el mar. En declaraciones públicas se informa que
Estados Unidos está realizando ampliaciones de las construcciones
civiles en la Base, con el objetivo de aumentar su capacidad de
recepción de emigrantes ilegales.
Cuba, por su parte, ha tomado todas las medidas posibles para evitar
incidentes entre las fuerzas militares de ambos países, y ha
declarado que se atiene a los compromisos contenidos en la
Declaración Conjunta sobre temas migratorios suscrita con la
administración Clinton. ¿Por qué tanta habladuría, amenaza y bulla?
El pago simbólico anual de $3 386.25 dólares por el arrendamiento
del territorio que ocupa la Base Naval en Guantánamo se mantuvo
hasta 1972, cuando la parte norteamericana lo reajustó por su cuenta
a $3 676 dólares. En 1973, se hizo una nueva corrección del valor
del antiguo dólar de oro de Estados Unidos, y por tal razón el
cheque emitido por el Departamento del Tesoro fue elevado desde
entonces a $4 085.00 dólares anuales. Ese cheque se carga a la
Marina de Estados Unidos, responsable operacional de la Base Naval.
Los cheques que hace el Gobierno de Estados Unidos como pago por el
arrendamiento, se dirigen a favor del "Tesorero General de la
República de Cuba", institución y funcionario que desde hace muchos
años dejaron de formar parte de la estructura del Gobierno de Cuba,
y se remiten por vía diplomática cada año. El correspondiente a
1959, por simple confusión, fue convertido en ingreso nacional.
Desde 1960 hasta hoy jamás se han cobrado y quedan como constancia
de un arrendamiento impuesto durante más de 107 años. Imagino,
conservadoramente, que es diez veces menos que lo que gasta el
gobierno de Estados Unidos en el salario de un maestro cada año.
Tanto la Enmienda Platt como la Base Naval en Guantánamo sobraban.
La historia demuestra que en gran número de países de este
hemisferio, donde no hubo una revolución como la nuestra, la
totalidad de su territorio gobernado por las transnacionales y las
oligarquías, no necesitaron ni una ni otra cosa. De su población,
mal preparada y pobre en su mayoría, se ocupaba la publicidad
sembrando reflejos.
Desde el punto de vista militar, un portaaviones nuclear repleto de
veloces cazabombarderos y su numerosa escolta, apoyado por la
tecnología y los satélites, es varias veces más poderoso y puede
desplazarse a cualquier lugar del mundo donde más convenga al
imperio.
Hace falta la Base para humillar y hacer las cosas sucias que allí
tienen lugar.
Si hay que esperar el derrumbe del sistema, esperaremos. Los
sufrimientos y peligros para toda la humanidad serán grandes, como
la actual crisis de las bolsas de valores, y un número creciente de
personas lo pronostican. La espera de Cuba será siempre en alarma de
combate.
Fidel Castro Ruz
14 de agosto del 2007
---------- Reflexiones
del PRESIDENTE FIDEL Castro
Lo que se impone de inmediato
es una revolución energética
Nada me anima contra Brasil. Para no pocos brasileños, sobre los que
no cesan de martillar argumentos en un sentido u otro, capaces de
confundir a personas tradicionalmente amigas de Cuba, pareceríamos
aguafiestas a los que no les importa perjudicar el ingreso neto de
moneda exterior de ese país. Guardar silencio sería para mí optar
entre la idea de una tragedia mundial y un supuesto beneficio para
el pueblo de esa gran nación.
No voy a culpar a Lula y a los brasileños de las leyes objetivas que
han regido la historia de nuestra especie. Apenas han transcurrido
siete mil años desde que el ser humano dejó huellas palpables de lo
que llegó a ser una civilización inmensamente rica en cultura y
conocimientos técnicos. Sus avances no se lograron al mismo tiempo
ni en el mismo lugar de la geografía. Puede afirmarse, que debido a
la inmensidad aparente de nuestro planeta, en muchos casos se
desconocía la existencia de una u otra civilización. Jamás durante
miles de años el ser humano vivió en ciudades de veinte millones de
habitantes como Sao Paulo o Ciudad México, o en comunidades urbanas
como París, Madrid, Berlín y otras que ven transitar trenes sobre
rieles y colchones de aire, a velocidades de más de 400 kilómetros
por hora.
En la época de Cristóbal Colón, hace apenas 500 años, algunas de
esas ciudades no existían o no sobrepasaba su población la cifra de
varias decenas de miles de habitantes. Ninguna gastaba un kiloWatt
para iluminar sus hogares. Posiblemente la población del mundo no
rebasaba entonces los 500 millones de habitantes. Se conoce que en
1830 alcanzó los primeros 1 000 millones, ciento treinta años
después se multiplicó por tres, y cuarenta y seis años más tarde la
suma de los habitantes del planeta se elevó a 6 500 millones, en su
inmensa mayoría pobres, que deben compartir los productos
alimenticios con los animales domésticos y de ahora en adelante con
los biocombustibles.
La humanidad no contaba entonces con los avances de la computación y
los medios de comunicación alcanzados en la actualidad, aunque sí
habían estallado ya las primeras bombas atómicas sobre dos grandes
comunidades humanas, en lo que constituyó un brutal acto de
terrorismo contra población civil indefensa, por razones
estrictamente políticas.
Hoy el mundo cuenta con decenas de miles de bombas nucleares
cincuenta veces más poderosas, con portadores varias veces más
veloces que el sonido y de una precisión absoluta, con las cuales
nuestra sofisticada especie puede autodestruirse. A finales de la
Segunda Guerra Mundial, que libraron los pueblos contra el fascismo,
surgió un nuevo poder que se adueñó del mundo e impuso el actual
orden absolutista y cruel.
Antes de viajar Bush a Brasil, el jefe del imperio estableció que el
maíz y otros alimentos serían la materia prima adecuada para
producir biocombustible. Lula por su parte declaró que, a partir de
la caña de azúcar, Brasil podía suministrar el que fuese necesario;
veía en esta fórmula un porvenir para el Tercer Mundo, y el único
problema pendiente de solución sería mejorar las condiciones de vida
de los trabajadores cañeros. Bien consciente estaba, y así lo
declaró, que Estados Unidos por su parte debía suspender las
barreras arancelarias y los subsidios que afectan la exportación del
etanol a Estados Unidos.
Bush respondió que las tarifas y los subsidios a los agricultores
eran intocables en un país como Estados Unidos, primer productor
mundial de etanol a base de maíz.
Las grandes transnacionales norteamericanas productoras de ese
biocombustible, que invierten aceleradamente decenas de miles de
millones de dólares, le habían exigido al jefe del imperio la
distribución en el mercado norteamericano de no menos de treinta y
cinco mil millones (35 000 000 000) de galones de ese combustible
cada año. Entre tarifas protectoras y subsidios reales la cifra por
año ascenderá a casi cien mil millones de dólares.
Insaciable en su demanda, el imperio había lanzado al mundo la
consigna de producir biocombustibles para liberar a Estados Unidos,
el mayor consumidor mundial de energía, de cualquier dependencia
exterior en materia de hidrocarburos.
La historia demuestra que el monocultivo cañero estuvo asociado
estrechamente a la esclavitud de los africanos, arrancados por la
fuerza de sus comunidades naturales y trasladados a Cuba, Haití y
otras islas del Caribe. En Brasil ocurrió exactamente igual con el
cultivo de la caña.
Hoy en ese país, casi el 80% de la caña se corta manualmente.
Fuentes y estudios aportados por investigadores brasileños afirman
que un cortador de caña, trabajador a destajo, debe producir no
menos de doce toneladas para satisfacer necesidades elementales. Ese
trabajador necesita efectuar 36 630 flexiones de piernas, recorrer
pequeños trayectos 800 veces cargando 15 kilos de caña en los brazos
y caminar en su faena 8 800 metros. Pierde un promedio de 8 litros
de agua cada día. Solo en caña quemada se puede alcanzar esa
productividad por hombre. La caña de corte manual o mecanizado se
suele quemar para proteger al personal de mordidas o picadas dañinas
y sobre todo para elevar la productividad. Aunque exista una norma
establecida de 8 de la mañana a 5 de la tarde para realizar su
tarea, ese corte a destajo no escapa de las 12 horas de trabajo. La
temperatura en ocasiones alcanza los 45 grados centígrados al
mediodía.
Yo personalmente he cortado caña no pocas veces por deber moral,
igual que otros muchos compañeros dirigentes del país. Recuerdo el
mes de agosto de 1969. Escogí un lugar próximo a la Capital. Me
movía bien temprano cada mañana hacia allí. La caña no quemada era
verde, de variedad temprana y alto rendimiento agrícola e
industrial. No cesaba de cortar un minuto durante cuatro horas
consecutivas. Alguien se encargaba de afilar el machete. Ni una vez
dejé de producir un mínimo de 3,4 toneladas diarias. Luego me
bañaba, almorzaba sosegadamente y descansaba en un lugar muy
próximo. Gané varios bonos por la famosa zafra del 70. Tenía
entonces 44 años recién cumplidos. El resto del tiempo, hasta la
hora de dormir, lo dedicaba a mis deberes revolucionarios. Detuve
aquel esfuerzo personal cuando me ocasioné una herida en el pie
izquierdo. El afilado machete había penetrado en la bota protectora.
La meta nacional era de 10 millones de toneladas de azúcar y 4
millones de toneladas de melaza aproximadamente, como subproducto.
Nunca se alcanzó, aunque nos acercamos a ella.
La URSS no había desaparecido, parecía algo imposible. El período
especial, que nos llevó a una lucha por la supervivencia y a las
desigualdades económicas con sus elementos de corrupción inherentes,
no había surgido. El imperialismo creyó que había llegado la hora de
rematar a la Revolución. También es honesto reconocer que en los
años de bonanza aprendimos a derrochar y no fue poco el grado de
idealismo y de sueños que acompañaron a nuestro heroico proceso.
Los grandes rendimientos agrícolas de Estados Unidos se lograron
mediante la rotación de las gramíneas (maíz, trigo, avena, mijo y
otros granos similares) con las leguminosas (soja, alfalfa,
frijoles, etcétera). Estas incorporan nitrógeno y materia orgánica a
los suelos. El rendimiento del maíz en Estados Unidos en el año
2005, según datos de la Organización de Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), alcanzó 9.3 toneladas por
hectárea.
En Brasil solo se logran 3 toneladas de ese grano en la misma área
de tierra. La producción total contabilizada de ese hermano país fue
ese año treinta y cuatro millones seiscientas mil toneladas,
consumido internamente como alimento. No puede aportar maíz al
mercado mundial.
Los precios de ese grano, alimento principal de numerosos países del
área, casi se han duplicado. ¿Qué ocurrirá cuando cientos de
millones de toneladas de maíz se dediquen a la producción de
biocombustible? Y no voy a mencionar las cantidades de trigo, mijo,
avena, cebada, sorgo y otros cereales que los países
industrializados utilizarán como fuente de combustible para sus
motores.
A esto se añade que es muy difícil para Brasil llevar a cabo la
rotación del maíz con leguminosas. De los estados brasileños que
tradicionalmente lo producen, ocho de ellos son responsables del
noventa por ciento de la producción: Paraná, Minas Gerais, Sao
Paulo, Goias, Mato Grosso, Río Grande do Sul, Santa Catarina y Mato
Grosso do Sul. Por otro lado, el 60% de la producción de caña de
azúcar, una gramínea que no puede rotarse con otros cultivos, se
lleva a cabo en cuatro Estados: Sao Paulo, Paraná, Pernambuco y
Alagoas.
Los motores de tractores, máquinas cosechadoras y los medios pesados
de transporte para mecanizar la cosecha, gastarían hidrocarburos en
cantidades crecientes. El incremento de la mecanización nada
ayudaría a evitar el calentamiento del planeta, algo que está
probado por los especialistas que miden la temperatura anual desde
hace más de 150 años.
Brasil sí produce un excelente alimento especialmente rico en
proteína, la soja: cincuenta millones ciento quince mil (50 115 000)
toneladas. Consume casi 23 millones de toneladas y exporta
veintisiete millones trescientos mil (27 300 000). ¿Es que acaso una
parte importante de esa soja se va a convertir en biocombustible?
En lo inmediato los productores de carne bovina comienzan a quejarse
de que los terrenos sembrados de pastos se están transformando en
cañaverales.
El antiguo Ministro de Agricultura de Brasil, Roberto Rodrigues,
importante defensor de la actual línea gubernamental y hoy co-presidente
del Consejo Interamericano de Etanol, creado en el 2006 a partir de
un acuerdo con el Estado de Florida y el Banco Interamericano de
Desarrollo (BID) para promover el uso de biocombustible en el
continente americano, declaró que el programa de mecanización de la
cosecha cañera no genera más empleo, sino que por el contrario se
produciría un excedente de personal no calificado.
Se conoce que los trabajadores más pobres procedentes de diversos
estados son los que acuden al corte de la caña por imperiosa
necesidad. En ocasiones, son personas que tienen que separarse
muchos meses de sus familiares. Es lo que ocurría en Cuba hasta el
triunfo de la Revolución, cuando el corte y alza de la caña era a
mano y apenas existía el cultivo y transporte mecanizado. Al
desaparecer el brutal sistema impuesto a nuestra sociedad, los
cortadores, alfabetizados masivamente, abandonaron su peregrinar en
muy pocos años y fue necesario sustituirlos con cientos de miles de
trabajadores voluntarios.
A esto se añade el último informe de Naciones Unidas sobre el cambio
climático, al afirmar lo que ocurrirá en Suramérica con el agua de
los glaciares y la cuenca acuífera del Amazonas a medida que la
temperatura de la atmósfera siga aumentando.
Nada impide que el capital norteamericano y europeo financie la
producción de biocombustibles. Podrían incluso regalarles los fondos
a Brasil y América Latina. Estados Unidos, Europa y demás países
industrializados se ahorrarían más de ciento cuarenta mil millones
de dólares cada año, sin preocuparse de las consecuencias climáticas
y de hambre, que afectarían en primer lugar a los países del Tercer
Mundo. Siempre les quedaría dinero para el biocombustible y adquirir
a cualquier precio los pocos alimentos disponibles en el mercado
mundial.
Lo que se impone de inmediato es una revolución energética que
consiste no solo en la sustitución de todas las luminarias
incandescentes, sino también en el reciclaje masivo de todos los
equipos domésticos, comerciales, industriales, transporte y de uso
social, que con las tecnologías anteriores requieren dos y tres
veces más energía.
Duele pensar que se consumen anualmente 10 mil millones de toneladas
de combustibles fósiles, lo cual significa que cada año se derrocha
lo que la naturaleza tardó un millón de años en crear. Las
industrias nacionales tienen por delante enormes tareas que realizar
y con ello incrementar el empleo. Así podría ganarse un poco de
tiempo.
Otro riesgo de carácter diferente que el mundo corre es el de una
recesión económica en Estados Unidos. En los últimos días los
dólares han roto récord de pérdida de valor. Con esa moneda de papel
y los bonos norteamericanos están constituidas la mayor parte de las
reservas en divisas convertibles de todos los países.
Mañana Primero de Mayo es un buen día para hacer llegar estas
reflexiones a los trabajadores y a todos los pobres del mundo, junto
a la protesta contra algo también increíble y humillante que ha
ocurrido: la liberación de un monstruo del terrorismo, precisamente
al cumplirse el 46 Aniversario de la Victoria Revolucionaria de
Playa Girón.
¡Prisión para el verdugo!
¡Libertad para los Cinco Héroes!
Fidel Castro Ruz
30 de abril de 2007
VER:
GRANMA
-------
48 ANIVERSARIO
REVOLUCIÓN CUBANA El
presidente de Cuba, Fidel Castro, admitió que su recuperación es un
proceso prolongado, pero que "está lejos de ser una batalla
perdida". El líder cubano envió un mensaje escrito a los cubanos con
motivo del 48 aniversario de la Revolución Cubana que se cumplió el
1º de enero de 2007.
VER:
Fidel y la Revolución
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